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A.S. Pulido
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El precio

La última traducción

Una palabra cambia cada vez que la traductora aparta la vista de la página cuatro.

4 min de lectura 667 palabras

La palabra aparecía en la página cuatro y no existía en ningún diccionario del mundo. Era complicado saber cómo era aquella palabra exactamente; el cansancio no ayudaba con la traducción, pero lo más desconcertante era que, cada vez que la miraba, era distinta. Había intentado incluso copiarla sin apartar la vista, pero, cuando observaba lo que ella misma había escrito... Un borrón. Eso era lo que había transcrito, un error, quizás, aunque era algo que solía hacer con bastante constancia y nunca le había pasado. Nunca.

—¿Dónde leches está Fernando? Hace rato que debería estar aquí.

La voz de la mujer resonaba en aquella estrecha habitación mientras seguía observando, intentando averiguar qué era, qué significaba. Era fascinante aprender; todo había avanzado mucho tras tantos años. Habían muerto estrellas en el cielo, dejando constelaciones sin parte de su identidad, y allí estaba ella, buscando a su maestro.

Sus ojos se desviaron de nuevo: esa era la señal. Cambié otra vez, le mostré otra, algo más fácil de entender. Era divertido; lo mejor que había hecho desde que me encerraron allí.

—¿Qué coj...? ¿Fernando? ¿Por qué ha cambiado la palabra por un nombre?

Allí estaba el desconcierto: creer que algo iba a ser simple, verlo complicarse y, cuando ya creías saber cómo enfocarlo, un giro, una duda, una nueva oportunidad para explorar. No eran las primeras personas con ansia de conocimiento que entraban en mi mazmorra; no eran las primeras a quienes devoraba el saber que creían poseer.

—Venga, mujer, dime tu nombre.

Mis palabras se escribieron en el aire con el sonido de quien no tiene corazón. Su bella piel se erizaba de miedo ante mí. La dualidad entre querer saber y sobrevivir nunca fallaba: siempre querían más.

—¿Hay alguien ahí? ¿Fer?

El calor de la luz irritaba lo que en otro momento había sido mi piel, secando aún más aquel papiro que hacía tiempo habían preparado para contenerme.

—No soy nadie. Dime tu nombre.

Duda. No todos llegaban a ella; no todos la anteponían a su hambre. Unos pocos también habían dudado, pero cedían. Siempre cedían. Dio un paso atrás; ya no podía verla bien. No me gustaba eso: quería torturar con la verdad, nunca la soportaban.

—¿No quieres saber? ¿No es verdad lo que buscas?

Negó con la cabeza. No. No se iba a escapar, no podía irse sin compartir mi carga, sin compartir lo que todos aquellos seguían sufriendo conmigo. Una mancha de tinta apareció en la palabra que era Fernando, borrándolo y reescribiéndolo todo en un instante. Más fácil. Se acercó.

—Aquí yace el orgulloso pueblo de...

Su voz se hizo un susurro y se detuvo en el momento en que volví a teñirme para cambiar. No quería darle demasiado de mí, solo un poco; era suficiente para que el más incauto se acercara, suficiente para que volviera a preguntar. De tener rostro, habría sonreído, pero no era necesario: lo escribí en mí.

—¿Sonrisa?

Ya la tenía atrapada, estaba seguro. De nuevo dio un paso atrás. Aquella mujer parecía enferma. ¿Una enferma de piel pálida estaba siendo más inteligente que yo? Nadie podía ser más inteligente que yo. Esa especie no podía soportar la curiosidad ni evitar sentirse por encima de todo lo demás: se creían dioses. Pero allí estaba ella, resistiéndose a mí, negándose a lo que buscaba.

—Por favor, necesitamos tu ayuda. Tu nombre puede salvarnos del olvido.

No le daría nada, no si no podía controlarla, no si después me traicionaba y enseñaba lo aprendido sin pagar el peaje. De nuevo la duda. Vi cómo en sus ojos se formaba la decisión, cómo se acercaba, cómo movía los labios formulando la palabra.

—Eva, ese es mi nombre.

Me relajé. Ya era suficiente de juegos: había intentado jugar conmigo y eso no me gustaba, así que le mandé de nuevo un mensaje, le mostré la verdad, su verdad. Las páginas del libro cambiaron; en ellas se veía la palabra: «Muere». Repetida.

Y la palabra que aparecía ahora en la página cuatro: «Eva».

La última traducción A.S. Pulido

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