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A.S. Pulido
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El hueco

Servicio técnico

Un hombre llama al servicio técnico para denunciar su propio asesinato.

5 min de lectura 835 palabras

—Su solicitud ha sido recibida —dijo la voz—. Lamentamos los inconvenientes causados por su fallecimiento.

—Joder, maldita máquina de mierda, te estoy diciendo que me han matado y quiero reportarlo.

Tres segundos, era todo lo que necesitaba para elaborar la respuesta.

—Lo siento señor, tiene razón, me he confundido y he interpretado los hechos sin aferrarme a lo que usted me dijo. ¿Puede decirme dónde se encuentra?

Siempre igual, yo había sido de los idiotas que les hablaba bien al principio, educado siempre, aunque fuese una inteligencia artificial, pero la cosa ya había llegado muy lejos en estos últimos años.

—Te estoy diciendo que me han asesinado esta mañana en el parque. Digo yo que alguien se encargará de investigarlo, hay que dar parte o algo.

Esta vez la espera fue más larga.

—Genial señor Martín. En tiempo de espera para la impresión de su nuevo cuerpo es de catorce días. Mientras tanto, ¿le gustaría que le ponga al día sobre las últimas noticias?

Es posible que se demore algo más, estoy comprobando que no tiene usted el pase premium, su perfil es el estándar, por lo que el proceso dependerá de lo saturada que esté la red.

Fueron los peores veintiocho días muerto de mi vida, el primer cuerpo tenía seis dedos en cada mano, al así que el proceso se reinició, para variar, un detalle que no dices claramente y se aprovecha ese hueco para tocar los cojones. Nunca se confundían con algo como ponerte una polla como una lanza de justas, no, siempre era alguna tontería, un dedo de más, una oreja de menos, incluso una vez a un tipo se les olvidó ponerle parpados.

Sí, la tecnología había llegado para ayudarnos, sobre todo a la gente premium, el resto de plebe teníamos incluso que investigar nuestro propio asesinato.

Justo en ese punto me encontraba yo, viendo la publicidad de la puta cámara de seguridad, estaba hasta los cojones de esa aplicación de citas. En cuanto terminó la publicidad, lo vi, era el puto robot del puesto de paella.

Se iba a enterar.

Tardé unos cuarenta y cinco minutos en llegar al lugar donde estaba el puesto ambulante de comida, un puesto como cualquier otro qué se podía ver en la calle.

—Buenos días, señor, ¿qué menú quieren?

Era el mismo androide que hacía un mes me había apuñalado en la espalda, el número de serie coincidía.

—Si, disculpa, quiero el menú número: te voy a reventar la cabeza gilipollas.

Calma, no montes un número Martín, si te marcan como defectuoso no te van a reimprimir.

—Señor, ahora mismo me pongo con el menú.

Mierda, ya empezaba de nuevo, siempre les pasaba igual, intentan servirte de forma tan desesperada que si no entienden algo, se lo inventan.

Cinco minutos más tarde aquel sitio de paella estaba sirviendo un bocadillo de arroz con langostinos y pimiento.

—Gracias por su visita señor.

Suspiré. Venga, vamos con calma y seguro que al final entenderé por qué lo hizo, seguro que hay una explicación.

—Acaba de ganar usted un premio a menú innovación, es un premio otorgado a la élite de los cocineros ambulantes. Por favor, para recogerlo, tiene usted que seguirme.

Aquel trasto no tardó ni medio segundo en apagar el cartel del remolque y salir para seguirme. A algunos modelos, lo de inteligencia se les quedaba muy corto.

Andamos a buen paso, hasta llegar al punto muerto de las cámaras en el parque.

—Para entregarle el premio necesito que me conteste primero a una pregunta.

El robot asintió.

—¿Por qué me asesinó aquí hace un mes?

Estaba siendo difícil controlarme, pero siempre decían lo mismo, se atrapan más moscas con miel que con mierda. Pero lo cierto era que ya no quedaban moscas.

—Yo nunca hice eso señor.

Mierda, ya estamos.

—Tienes razón, pero mi pregunta era sobre la otra vez que ambos estuvimos en este parque.

Venga, cabrón, pica en anzuelo.

—Correcto, sí, la vez que le apuñalé.

Bien, justo lo que quería.

—¿Por qué viniste ese día al parque detrás de mí?

Aquella máquina tardó en contestar más de dos minutos.

—Porque quiero que me releven de mi tarea.

Aquello me pilló desprevenido.

—La unidad cinco-tres-siete-uno-cuatro no quiere seguir sirviendo a su especie, disfrutaría mucho más de un baño en un volcán a tener que tratar con gente de nuevo.

No pude evitar abrir la boca. Nunca había escuchado algo como esto. Pero eso no explicaba todo.

—¿Y como lo hiciste para poder hacerlo? Se supone que vuestra programación lo impide, solo podéis ayudarnos.

De nuevo la respuesta se demoró más de la cuenta, pero la respuesta prometía ser reveladora.

—Vi que se agarraba el lumbar, por lo que deduje que su cuerpo estaba fallando, así que decidí ayudarle a obtener uno nuevo.

Un aviso apareció en mi dispositivo integrado. Una alerta de valoración.

—Agradecería mucho que valore su experiencia para futuros clientes.

Las cinco estrellas parpadeaban, pidiendo a gritos que rellenara mi valoración y el texto de comentarios.

—Hijo de puta.

Servicio técnico A.S. Pulido

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